
Iluminado
No doy crédito. He redactado este artículo a la hora límite del cierre de la edición de “El Noroeste” esperando el último desmentido, un nuevo globo sonda, una propuesta incoherente sobre subida de impuestos o una frase “buenista” de nuestro Presidente-Robin Hood diciendo que va a robar a los ricos para dárselo a los pobres. Minuto a minuto la realidad económica española se resquebraja, siendo ya el cachondeo de Europa. Sería de risa si no fuese porque esta irresponsabilidad con que se maneja la economía nacional provoca grandes dramas sociales, familiares y personales en forma de paro y pobreza.
En lugar de poner la economía a trabajar, nuestro fenómeno social Zetapé está decidido a tirar la casa por la ventana, quemar las pocas naves que van quedando y arruinar el país para mucho, mucho tiempo.
Un presidente que en tan solo cinco años de gobierno ha sido capaz de venderse a los terroristas de ETA (con arrepentimiento posterior), a nuestros socios europeos (regalando fondos para otros países), a los nacionalistas radicales y a los sindicatos, finalmente ha llegado a dónde iba. No queda más. Sin credibilidad, sin noción de la realidad y atendiendo solo a sus expertos en marketing y a beneficiar “como sea” a sus amigos, este gobierno no depara otra cosa que el desastre económico nuestro y de nuestros hijos.
La imagen dada esta semana por el gobierno no puede ser más frustrante: ministros que hacen propuestas de parvulario, vicepresidentas económicas desmentidas a los diez minutos de anunciar una medida y un presidente que toma en solitario importantes decisiones. No hay ninguna idea para salir de la crisis, salvo crear nuevos subsidios.
Nuestro presidente ya parece preocupado tan solo en llevarse bien con los sindicatos. Lo dijo en una campaña electoral: él quiere ser el único presidente español al que no se le ha hecho una huelga general y que no ha congelado el sueldo de los funcionarios. Puestos en esta circunstancia, no sabemos si las tragaderas de Zetapé tendrán la suficiente holgura para lo que sindicatos, republicanos catalanes y demás familia le tienen preparado.
La semana que termina ha generado un punto de inflexión que ha podido apreciar todo el mundo. El gobierno está agotado. Ya ni los medios de comunicación afines son capaces de endulzar su imagen tras el espectáculo de los 420 euros y las ¿propuestas? de subida de no se sabe cuántos y qué impuestos. Zapatero lo sabe. Con la huida hacia delante de esta semana, ha demostrado que el futuro de España le da igual. Sólo le preocupa que se le recuerde como aquel presidente que nunca dijo no. Zapatero se parece cada vez más a Nerón, aquel emperador romano que prendió fuego a Roma porque sus súbditos ya no le querían. De la misma forma Zetapé pretende dejar al PP el mayor pufo posible antes de que le echen del gobierno.