
“No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Esta máxima de la lógica tiene su traducción en un refrán muy de nuestra tierra: “las mentiras tienen las patas muy cortas”. En las enseñanzas de marketing que diariamente recibe Zapatero no se incluyen estas conclusiones que enturbian su maravilloso mundo de color. De hecho tenemos que enfrentarnos todos los días con la realidad del paro, la falta de recursos, los impagos, embargos y en definitiva la crisis. ¿Quién se acuerda de la campaña electoral de hace 10 meses?, ¿y del debate de Pizarro y Solbes? ¿o de la frase de Zetapé que afirmaba haber superado en renta a Italia y que el próximo objetivo era Francia?. Al final la realidad siempre sale a la luz y es ahora cuando de verdad nos la jugamos como nación. Tenemos que tomar una decisión entre salir de esta situación trabajando, echándole reaños o seguir la huida hacia delante que está encabezando el Gobierno de España y sus acólitos diciendo que hay dinero para todos y para todo. No hace falta ser economista, tan solo tener dos dedos de frente, para entender que si hay algo escaso en estos días es el dinero. Escasea para todos y también para el Gobierno. Las promesas de Zetapé, los millones a los banqueros y la financiación autonómica van con cargo a préstamo, a deuda pública que el Estado tiene que vender para obtener dinero. Un dinero que en estos días se ha puesto más difícil porque España ha dejado de ser un país fiable. La rebaja en la calidad de la deuda española que ha anunciado la consultora S&P, aunque parezca un tema menor, va a ser transcendental durante los próximos meses. Significa que el Estado va a tener dificultades para encontrar todo el dinero que necesita y que ya tiene comprometido. Además los euros que encuentre los tendrá que remunerar con prima de riesgo porque los compradores no tienen seguridad de que los préstamos serán devueltos por el Gobierno. En la terminología Zetapé estaremos cambiando la burbuja inmobiliaria por la burbuja de la deuda pública que, como burbuja que es, terminará estallando en la cara de todos.
Con esta situación, me acuerdo de aquellos para los que la crisis no existe y pueden construirse bonitos chalets en espacios protegidos de la isla de Menorca, en una urbanización que se ha bautizado como “la costa del Canon”. Hace un año debatíamos sobre la injusticia de que el soporte informático donde grabo este artículo que yo escribo, vaya a financiar a ciertos artistas españoles que ya no necesitan cantar para vivir, porque se financian de los DVD’s, las memorias USB, los discos duros y hasta las impresoras y los teléfonos móviles que compramos. Los mismos artistas a los que Zetapé agradeció los servicios prestados con muchos miles de millones de pesetas que pagamos todos y nos hacen menos competitivos. Otro obstáculo más al desarrollo de España y a la salida de la crisis. Claro que la crisis no la sufren ellos.